El bebé y la oscuridad

El bebé y la oscuridad

Salir a dar un paseo con bebé, comprende un montón de detalles. Está el carácter de los papás, y el carácter que se está formando del bebé. Nuestra señorita-bebé, desde el primer día mostró un interés demasiado grande por lo que había fuera del capazo. Que muestre interés por el mundo exterior es un buen síntoma, pero cuando tiene poco más de un mes, la cosa se pone  complicada. Más que nada porque la movilidad que tiene es reducida, y su forma de decir las cosas es con llanto. Así que si quiere que la capota del carrito de bebé esté levantada para que le entre la claridad del sol…a llorar y todos enterados.

La calle por la que pasamos para llegar a casa, es una calle que no es la mas luminosa del mundo. Los primeros meses, sabíamos que era bastante probable que al empezar la calle, empezase a decirnos que no le gustaba (nos lo decía a base de llorar y llorar). Era entrar en la calle y arrancar el concierto. Salías y ya iba la señorita-bebé tan contenta.

El día que nos dimos cuenta que el capazo no lo habían inventado para nosotros fue una tarde paseando. A final de Agosto, en Andalucía, no te queda más remedio que pasear a última hora del día. Y nos fuimos empujando el carrito de bebé siendo de día. Cuando decidimos volver, ya había anochecido. Mientras íbamos por calles muy iluminadas no había problema, pero fue llegar a una calle con menos luz, y arrancó a llorar. Primero pensamos que podía ser hambre, por lo que se enganchó al pecho sentados en un parque. Tras media hora tragando, intentamos continuar el camino, pero era dejar al bebé en el capazo y escuchar música lacrimógena. Al final, el camino de vuelta lo hicimos turnándonos con la señorita-bebé en brazos. Veinticinco minutos de gimnasio gratis!

El cambio del capazo a la maxicosi lo hicimos cuando aún no tenía los dos meses. Y se notó el cambio para bien. Que fuese viéndolo todo, hizo que los llantos terminasen. Por calles muy iluminadas, no había problema, y si ibas por una calle con menos luz, fijaba la vista en los puntos de las farolas y todos tan contentos. De todas formas, no aguantó mucho en la maxicosi (dos semanas como mucho), y es que estaba un poco agobiada (nosotros de verla también) porque iba ganando mucho peso desde que nació y si por algo se caracteriza la maxicosi no es por ser espaciosa precisamente. Así que la cambiamos a la sillita de paseo del carrito de bebé. Y ahí sigue a día de hoy. Va cómoda, amplia, con el saco va calentita, y para nosotros es útil hasta en casa. Se suele quedar dormida en el carro sin muchos problemas y no tienes el inconveniente de que tenga frío porque con el saco está en la gloria. Además está más segura que en cualquier superficie plana, porque cuando empiezan a tener movilidad son un peligro. Es ley de vida y de Padres Primerizos!

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